
San Miguel está en alto, y en eso consiste todo. Desde aquí se domina la laguna salada de Torrevieja —de un rosa auténtico según la luz— y, más allá, el Mediterráneo. La brisa hace los veranos más llevaderos que abajo, en la costa.
El pueblo va sin prisa: una plaza, una iglesia, un mercadillo semanal, bares donde cada mañana se sientan los mismos. Las playas y los campos de golf de Orihuela Costa quedan a siete minutos cuesta abajo.
Aquí se sentirá en casa quien quiera vistas, una parcela propia y la calma de un pueblo, con la playa lo bastante cerca para un baño por la mañana.
Villas en ladera con las mejores vistas
Baja altura moderna, bungalows con solárium
El pueblo de siempre alrededor de la plaza