
Dolores queda en mitad de la Vega Baja, la llanura fértil que los árabes pusieron en riego hace mil años. Los naranjos y limoneros se extienden en todas direcciones y, en primavera, todo el pueblo huele a azahar.
Esto es España sin capa turística: un mercadillo semanal, bares de tapas donde la carta se dice en vez de escribirse y una plaza que se llena al atardecer. En los bordes del pueblo se han construido villas nuevas, con la clase de parcela y piscina que junto al agua costaría el doble.
Aquí se sentirá en casa quien quiera la España de verdad, una parcela grande y un ritmo más lento, con la costa a un paseo en coche.
Villas y dúplex modernos con piscina en el borde del pueblo
Fincas y casas con parcelas amplias
El casco antiguo en torno a la Plaza General Llopis