
Benidorm no se parece a ningún otro sitio de España. Las torres se levantan a pie de playa, los paseos se extienden kilómetros y todo funciona, porque así se planificó: en denso, para que todo el mundo viva a un paseo de la arena.
Nunca cierra. En enero los restaurantes sirven, los autobuses pasan cada diez minutos y los hospitales y clínicas están entre los mejores de la costa. Detrás del skyline queda el casco antiguo, encalado y empinado, con un mirador sobre las dos bahías y las barcas de pesca abajo.
Aquí se sentirá en casa quien quiera una ciudad que no duerme, la playa a cinco minutos del portal y todo funcionando en pleno invierno.
La bahía más tranquila, paseo ancho, edificios más nuevos
El corazón: restaurantes, bares, la arena más animada
Bajo el parque de la Serra Gelada, más tranquilo y bien dotado
El casco antiguo en el promontorio entre las dos bahías